martes, septiembre 22, 2009

Vuelta al cole

Ya está en marcha. Esta semana es la primera que va en serio, con todas las horas, todos los días completitos. Hay que ir desengrasando los engranajes. Aguantar cinco o seis horas de pie, aprender a decir que no, recordar cada cinco minutos que hay que callarse para enterarse de algo, decir veinte veces por el pasillo "meteos en el aula", hablar durante cincuenta minutos, no esperar respuestas del auditorio de las 8.30 a las 9.20, porque aún están durmiendo (o dormidos), preparar clases, corregir ejercicios ilegibles, poner diez o doce puntos en una redacción de seis o siete líneas, recordar que no importa si usas boli rojo o boli azul, pedir que se sienten bien para que no tengan una escoliosis, amenazar con el castigo de recreo....En fin, todo eso que es la rutina y que, en los primeros días resulta tediosa y agotadora.
Es lo que peor se me da. Poner cara de perro al principio. Mantener una distancia amenazante y a la vez ser correcta, mesurada, templada, cordial...No perder los nervios cuando una chiquilla se sienta en el suelo, completamente espatarrada para sacar sus libros de la mochila, mientras otro se levanta a sacar punta al rincón, aquel cambia cuatro veces de pierna sobre la que se sienta porque se le ha dormido, y el de turno dice "me han chingado el estuche".
Si alguien pronuncia esas terribles palabras "me han chingado el loquesea" se produce la hecatombe. A todo el mundo le han chingado algo, un boli rosa, un borra, el estuche, el cuaderno de mates, el archivador, el bocadillo...Profe lo tenía aquí y ya no está (¿habrá un agujero espacio-tiempo en la clase?).
Veintidós chiquillos de once o doce años juran y perjuran que han visto a una profe guardar sus diccionarios en el armario el viernes. Abro el armario y no están. Veintidós chiquillos ponen cara de estar viendo el armario donde se escondía Narnia. Tras unas terribles pesquisas que incluyen a la jefa de estudios, al tutor, y un cartel en la sala de profesores, los diccionarios aparecen en un cajón de la mesa.... Estos pequeños son auténticamente surrealistas. A veces creo que piensan que el mundo es Hogwarts y ellos son pequeños Harry Potters que dejarán de ser muggles en cuanto la puerta del aula se abra y entre Hagrid a liberarlos. Aún conservan esa inocencia infantil. Qué pena que poco a poco se la vayamos quitando para hacerles adultos aburridos y con poca tendencia a la sorpresa.
Así que me dedicaré a adultecerles un poquito cada día y esperaré que, cuando la puerta de la clase se abra en medio de una de mis aburridas explicaciones sobre el aparato fonador o cómo se organiza un diccionario, Hagrid no se enfade demasiado conmigo. Tal vez me deje ver uno de sus dragones.

miércoles, agosto 19, 2009

Tito Andrónico

Anoche fuimos a ver a la compañía Animalario represetando Tito Andrónico de Shakespeare.
Las Naves del Español, en el Matadero, son un escenario sorprendente, para empezar. Tenía un poco de miedo por la posible densidad del texto, pero lo cierto es que no se hizo difícil de entender. Alberto San Juan (siempre me acuerdo de Ana, cuando lo veo) está enorme. Lo digo porque traspasa la cuarta pared y crea emoción en el espectador. Al menos en mí. También es cierto que yo soy ( o estoy) impresionable.
La tragedia está repleta de atrocidades: violación, asesinato, traición, mutilaciones, salvajismo absoluto. Y creo que intenta representar a una sociedad, como la romana en sus últimos momentos, que en plena decadencia se "devora a sí misma" como dice el propio texto. Los valores como el honor, la justicia, o el sentido común desaparecen bajo la apisonadora del ocaso de la civilización.
Pero también hay otras lecturas: el amor por los hijos que se manifiesta en Tito pero también en el malvado moro Aarón, el deseo sexual que lo consume todo (Saturnino seducido por Tamora, los hijos de Tamora contra Lavinia), la locura o el finjimiento de la misma, que es un tema que parecía interesarle a Shakespeare.
A veces Alberto San Juan me parecía un Don Quijote violento, consumido por la venganza.
El teatro, un lugar donde te escapas de tu realidad durante dos horas y media, pero donde encuentras otras formas de la realidad, quizá más profunda. No en vano el objetivo primitivo del teatro era purgar los males de los espectadores mediante la catarsis.

lunes, junio 29, 2009

Un premio y siete rarezas

Mi querido Jlin me ha otorgado un premio bloguero que se llama "7 rarezas" y mi primer obligación es agradecérselo, así que, aquí va: Muchas gracias por acordarte de mí y pensar que merezco un premio, aunque mi blog sea intermitente y en ocasiones muy repetitivo.
La segunda condición que he de cumplir es enumerar 7 rarezas sobre mí y eso, con los tiempos que me corren, es terreno peligroso:
1. Lloro con demasiada facilidad, sobre todo ultimamente: he llorado viendo a Michael Jackson bailando en el video de Black or White, por ejemplo.
2. Compro cajitas allá donde voy para guardarlas dentro de la mesa de mi salón y luego mirarlas a través del cristal.
3. Me encantan las películas musicales clásicas de Hollywood, como Cantando bajo la lluvia, West Side Story y demás.
4. Me apasionan las películas, series o narraciones en general, que tienen que ver con el viaje en el tiempo y puedo pasarme horas hablando de Marty McFly o del día de la marmota.
5. También me gustan las versiones: parodias, precuelas, secuelas, menciones, intertextualidades...siempre que estén bien hechas, claro.
6. Me he enganchado a Perdidos, pero resisto a la tentanción de bajármela de Internet y prefiero esperar a que me la echen en Cuatro.
7. Mi lugar preferido para estar es en el agua: bañera, piscina, río, parque acuático, o, por supuesto, mar. ¿habré sido sirena en una vida anterior?

Y por último, me queda mencionar 7 blogs, pero no creo que visite tantos. Allá van mis habituales:

viernes, junio 19, 2009

Toscana

Hoy ha sido el último día de clase: ¡¡¡yujuuuuuuu!!!. Ahora sólo me queda corregir los últimos exámenes de recuperación, poner notas, reunirme con mis compañeros para discutir las notas, redactar la memoria (amarga) de este curso y volar. He cambiado la foto de la cabecera porque ahora es mi horizonte. Nos vamos a Italia y nuestro viaje empezará en la Toscana.
Siempre que he oído ese nombre evocaba un lugar muy cinematográfico y literario, pensaba en un espacio romántico, al uso de las películas americanas. Ahora, desde que decidimos que sería el punto de partida de nuestras vacaciones italianas me suena a liberación, a descanso y a optimismo.
Me imagino a mí misma tomando chianti mientras contemplo una puesta de sol en esos campos, o boquiabierta ante el David de Miguel Ángel (al que amo en secreto desde que alguien, en un pasado muy lejano, me trajo una reproducción de Italia, hace 20 años), o conduciendo por carreteras rodeadas de viñedos y olivares, o dejándome conducir mientras tarareo alguna cancioncilla y miro alternativamente por la ventanilla y al conductor, al que me voy a dedicar por completo durante esos días.
Estas imágenes han sido las que me han hecho soportar las últimas semanas en clase, con todo el mundo cansado, mosqueado, protestando, exigiendo lo que no dan, preocupándose ahora por aquello de lo que han pasado durante los ocho meses anteriores. Y es la evocación de esas imágenes las que me han hecho aguantar, tirar del carro con mis dos talleres de teatro de adolescentes con más ego que Penélope en la recepción de su óscar.
Aún me queda un día más: el lunes mis desaprendices de actores estrenarán por primera y última vez sus obras. Entonces estarán solos ante el público y ya será su trabajo.
Estoy deseando ver a Paula lanzar al aire los tres sombreros de copa.

martes, junio 02, 2009

Picores

Este año mi eczema, habitual en los pies y algunas veces tímido en los dedos de las manos, se ha apoderado de la palma de mi mano derecha. En un libro sobre los orígenes psicológicos de las enfermedades leí que cuando tus manos enferman tu trabajo va mal. Curiosamente, en mi última época en la Asamblea tuve una tendinitis en la mano derecha e incluso me salió una verruga misteriosa en el dedo corazón que desapareció cuando dejé aquel trabajo y comencé en la docencia.

Ahora, como decía, la piel de la palma de mi mano derecha se vuelve fina, como de papel, y se rompe, haciéndome unas grietas muy dolorosas. Antes de que la piel se rompa hay unas curiosas burbujas llenas de un líquido que hacen que la piel me pique de un modo horrible. Ya sé, desocupado lector, que no ha de ser muy agradable encontrarte esta descripción. Sobre todo si has llegado hasta aquí en tu ociosa sobremesa, antes de volver al duro trabajo. Perdona.

Hoy estoy pasando un día terrible con mi mano derecha. Me pica una barbaridad. Ya no sé qué crema, jabón o aceite echarme para calmar el picor y el dolor. Eso me crea una sensación de desasosiego y angustia que me inquieta y me pone de muy mal humor. 

Además, parece que no hago más que cagarla con mis comentarios. Esta semana al menos cuatro personas se han sentido molestas por algo que he dicho o que he hecho. Así que pienso que debería callarme del todo, o mejor, meterme en algún sitio recóndito, donde nadie me encuentre, donde no vea a nadie a quien pueda molestar. Porque ¿qué más me da a mí si se cena o se come? ¿qué me importa si el día 29 o el 30?, en realidad ¿qué interés tengo en tomarme unas copas o no tomármelas? ¿qué más da si se escriben poemas de amor o de amistad, o proverbios chinos sobre la sabiduría? ¿tiene alguna importancia tardar media hora o cinco minutos en llegar a la playa? ¿qué más da todo? y ¿por qué me empeño en discutir, o en sugerir, o en proponer?.

Y finalmente ¿qué tengo que hacer para dejar de estar angustiada, agobiada, triste? ¿qué puedo hacer para que deje de picarme tanto la puñetera mano?

lunes, mayo 18, 2009

Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 

defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegría como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría.

Me decanto por este poema optimista para homenajear a Benedetti.

martes, mayo 05, 2009

He cambiado la cabecera para recordar Praga un poquitín. Y es que tengo ganas de vacaciones. Este curso se me está haciendo terrrrrrrrrrrriblemente largo y parece que no va a acabar nunca. No he terminado de escribir un examen cuando ya tengo que corregirlo (claro), preparar el siguiente tema, y así con tres cursos diferentes todo el rato, como una piedra de Sísifo que cae y tengo que empujar hasta arriba y vuelve a caer, y vuelta a empujar....
Además están mis alumnos actores, este año increiblemente apáticos, aburridos, torpes (salvo honrosas excepciones) y que están haciendo que me cueste un mundo llevar a cabo los montajes que había pensado. ¡Qué diferencia con el placer que me producía el taller de teatro el año pasado! A veces creo que me he equivocado al elegir el texto. A veces Tres sombreros de copa me parece aburrido hasta a mí, y eso que me encanta.  Ya no sé que hacer para motivarles. No se aprenden una triste escena ni a la de tres.... ¿Cuándo va a acabar este maldito curso?
Estoy perdiendo los papeles día a día. Hoy le he dicho a un chaval que me ha preguntado una obviedad después de que llevaba toda la hora hablando de lo mismo que dejara ya las drogas. Me he pasado tres pueblos. Y lo estoy pagando. Llevo toda la tarde pensando que me he pasado. Estoy segura de que eso es puro agotamiento. Así que cuelgo esa foto de la Isla de Kampa para recordar que hay otros lugares más allá del instituto y de mi pueblo. Que quedan solo dos mesecitos para poder largarme a ver mundo y para alejarme de los chicos, de los exámenes, de los paros parciales, de las reivindicaciones, los actores-marmota y los profesores-ardilla. Qué ganas tengo de vacaciones.