lunes, septiembre 15, 2008

Che, el mito.


Hasta ahora, el Che era uno de esos mitos setenteros que formaban parte de mi infancia. En algún lugar de mi memoria convivía con aquella foto de Cristo en la que se podía leer "Se busca", o con la eterna Marylin, en una foto parecida a ésta que os pongo, que recuerdo que incluso llegué a calcar y rallar en un espejo, para hacer un cuadrito, cuando iba a octavo de E.G.B., más o menos. Eran símbolos del momento que para mí se han convertido en iconos de mi infancia y adolescencia.
El Che era un absoluto desconocido para mí: apenas sabía que era argentino, revolucionario en Cuba, muerto en Bolivia...Sí, claro, el mito de la revolución, de las izquierdas, de la justicia social, pero poco más.
El viernes fuimos a ver la peli que le ha hecho Benicio del Toro, y lo cierto es que la película te muestra la cara del Che más mítica: el hombre perfecto, preocupado por la cultura de sus hombres, también por sus vidas; justo, pacífico, reflexivo, fiel a sus creencias políticas y a sus compromisos vitales (incluso con su esposa, muy lejos, allá en México), y con la creencia firme de que la revolución debía llevarse a toda América Latina. El hombre intachable. Al final, entendí porqué era esa la imagen que se da de él en la película: está basada en sus propios escritos durante la revolución cubana.
Aunque esa postura me chirría, creo que personajes como él son necesarios hoy, porque simbolizan, como los héroes mitológicos clásicos, posturas a las que el ser humano no puede renunciar, posicionamientos que deben mantenerse frente al poder establecido, frente a la aparente inamovilidad del mundo tal y como lo conocemos. Necesitamos figuras que nos muestren que otro mundo es posible, que nos hagan creer en la fuerza de la rebeldía y la justicia.
A pesar de que el tiempo se ocupe después de destrozarnos todas nuestras esperanzas, la utopía se construye caminando hacia ella.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo tampoco conozco profundamente su figura, un poco como tú, pero te cuento una pequeña historia:Hace algunos años (muchos después de que muriera el Che), un sobrino de Antonio en plena adolescencia, puso un enorme poster en la pared de su habitación con la cara del Che,ya sabes, esa imagen que muchos jóvenes llevan en sus camisetas.Su padre, harto de que su hijo cayera en modas pasajeras, le obligó a quitarlo y le prohibió ponerlo hasta que no indagara en su figura y conociera su repercusión, así que le obligó a hacer un trabajo sobre el Che. El niño, leyó algunas cosas sobre su vida y se informó de quién era.Tiempo después, dejó su trabajo sobre su cama (tocho por cierto... yo lo vi...)atado con un lazo rojo y sobre él, un poster del Che cuatro veces mayor que el que había puesto en un principio. Con esto me basta (tanto lo del padre como lo del hijo).

Raquel dijo...

¿por qué ya no escribes?