Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

lunes, mayo 18, 2009

Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 

defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegría como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría.

Me decanto por este poema optimista para homenajear a Benedetti.

lunes, abril 20, 2009

Marsé: un cervantes "anómalo"

Hoy me he enterado de que Juan Marsé va a recibir el Premio Cervantes. Y le he escuchado hablar en la radio, con su habitual franqueza, de la falta de talento de los guionistas españoles (por eso el cine español va como va), y de su situación de escritor anómalo: su lengua materna es el catalán pero escribe en castellano. Le he oído recordar cómo hay muchos de esos escritores "anómalos" que no escriben en su lengua materna, pero que son grandes: Conrad, Kafka, Kundera...
Marsé es siempre sorprendente: sus novelas tienen una pátina de pobreza, mugre de posguerra, que te hace entender a los personajes, compartir lo que viven y disfrutar con sus mundos paralelos (como Shangai, por ejemplo). Todavía me queda mucho Marsé por leer y eso me alegra, porque todavía me queda mucho mundo por recorrer de su mano, y sin salir de Barcelona.
Pero es que además Marsé me gusta por cómo se manifiesta, sin pelos en la lengua, igual para decir que no hay talento en el cine español, que para señalar que la ganadora de un premio Planeta no hace literatura o para aseverar que Cataluña siempre será bilingüe y que eso nos seguirá dando la posibilidad de escritores anómalos como él que no tienen ningún problema en utilizar dos lenguas sin preocuparse de política ni de ideología, sino de hacer lo que les viene en gana con ambas, que para eso son suyas.

miércoles, noviembre 07, 2007

Brooklyn

"Llámame Brooklyn" es el título del Premio Nadal 2006 que Raquel me regaló para mi cumpleaños. Anoche acabé de leermelo (no es que haya tardado siete meses, es que empecé hace poco) y quería escribir qué bueno me ha parecido. Es una novela de esas que llaman caleidoscópica, donde hay un par de narradores diferentes, y donde se intercalan historias sin tener en cuenta un orden cronológico ni temático. Cuando vas avanzando en la lectura vas construyendo poco a poco en tu cabeza tu visión de la historia. Esa dispersión es la que contribuye a hacer la lectura interesante, porque creo que la imagen que yo tengo en mi cabeza no será la misma que Eduardo Lago (el autor) se montó cuando se puso a escribir. O sí, no lo sé. El caso es que la historia no es una gran historia, con grandes hazañas o personajes heroicos, pero tiene muchos momentos mágicos, aparecen muchos personajes pequeños, curiosos, muy humanos, cada uno con una historia propia, alejados de los estereotipos, muy originales y auténticos: un negro ciego que se gana la vida recitando la Biblia de memoria, un marinero danés que abandona su vida y su razón con 26 años porque se enamora de una mulata en un desfile caribeño por las calles de Nueva York,un brigadista italiano traidor, un gallego regentando un bar de marineros, un diplomático obsesionado por la contemplación de determinados cuadros, un señor con levita y chistera que solo sale de la Nueva York subterránea el día de su cumpleaños, un exiliado español catalán pero de derechas,....En fin, que os recomiendo su lectura, porque creo que es un gran libro que pasará desapercibido al lado de los Matildes Asensis y los Ruiz Zafones.

domingo, abril 01, 2007

Manual de Literatura para caníbales. El inquilino

Como una autentica caníbal estoy devorando libros este fin de semana. He acabado el que da título a este post, recomendado por David, y ha sido un auténtico disfrute. Un recorrido por la literatura de los últimos dos siglos de la mano de una saga de escritores atrasados. Que estamos en el Romanticismo, ellos escriben como Ilustrados, que en plenas vanguardias, ellos, realistas. Lo mejor del libro, sin embargo, es que no deja títere con cabeza. Rafael Reig, el autor, profesor de Literatura en la Universidad de San Louis en Madrid (me ha dicho Raquel que es una universidad americana para americanos, pero en Madrid) ataca todo lo atacable, Espronceda, un borrachín, Galdós, un mujeriego, Darío, un borrachuzo, Valle, un extravangante, Cela, un oportunista plagiador traidor delator..., Carlos Fuentes un egocéntrico, Javier Marías, capitán de un ejército de estetas de fin de siglo, por no hablar de los calificativos que le dedica a Benet, uno de los peores parados. Todo con un gran sentido del humor. Me ha divertido mucho, y creo que también me ha servido para recordar o aprender literatura, esto es docere et delectare.
Además, hoy me he leído El inquilino, de Javier Cercas. Sí, hoy, del tirón. Es un relato largo o novela corta. Y me he dejado algo de mal rollo. Advierto, como en las webs de series de tv, de que voy a desvelar elementos de la trama: Cuenta la historia de un profesor de universidad que se tuerce el tobillo corriendo una mañana, el mismo día que conoce a su nuevo vecino, que le va a quitar su puesto de profe en la universidad, y a su chica. Uno sigue al protagonista durante una semana angustiosa, viendo como todo se desmorona a su alrededor, en un ambiente de pesadilla, viendo como todo el mundo parece confabularse en su contra, con repeticiones constantes de conversarciones y situaciones, e incluso del mobiliario del prota en la casa de su vecino-suplantador. Al final, cuando el tipo va a que le quiten el vendaje del esguince, el inquilino y todo el mal rollo que trajo se desvanecen y el prota tiene una segunda oportunidad para hacer todo lo que se nos ha explicado que le ha llevado a la situación de la pesadilla: hacerle caso a su chica, trabajar más adecuadamente en la universidad....
Me pregunto cuál es el mensajito de la novela. ¿Sé un buen chico o la suerte te abandonará y te pondrá en tu sitio de mal chico? O quizá Cercas sólo quiere demostrar lo bien que crea ambientes chungos, lo bien que maneja las técnicas de la narrativa, como conduce al lector por una pesadilla. No sé, no me ha gustado. Me ha gustado su despliegue de capacidad narrativa, pero no el mensajito, demasiado manido, como de moralina de serie americana. Apesta.
Contrasta con las buenas sensaciones que me produjo, y aún me duran, Soldados de Salamina, también de Cercas. Con Soldados de Salamina lloré y todo. Y, sinceramente, no recuerdo nunca haber llorado leyendo un libro. En fin, que recomiendo vivamente el Manual de Literatura para caníbales, pero poco El inquilino. O bueno, como se lee rápido, a ver si alguien se la lee o se la ha leído y la comentamos.

martes, enero 23, 2007

Gabriel Miró y Antonio Machado

Estoy hablando a mis alumnos del Novecentismo, que es un movimiento literario y cultural que ocupó aproximadamente desde 1917 a 1923 y que incluye a Gabriel Miró, alicantino de pro, concretamente de Orihuela. Hoy uno de mis chicos, que se llama Gabriel, me ha contado que Miró es el tío-abuelo de su padre, y que él se llama Gabriel precisamente por el literato. Sí, ya sé que soy muy exagerada, pero se me ha puesto el vello de punta.
Y es que siempre me ha resultado muy fácil emocionarme. Sin embargo, he de decir que el cúmulo de sensaciones, emociones y sentimientos que he experimentado este fin de semana no parecen proceder de mi extrema sensibilidad, pues se han dado en más de una de nosotras. Es sorprendente que 17, 18 años después aún mantengamos la relación, pero es más sorprendente que comprobemos cómo son de fuertes los lazos que nos unen. Quien más y quien menos ha dejado caer una lagrimita, o a ha gritado más de la cuenta, o, al menos, ha suspirado este fin de semana, por no hablar de las que se tiran de la mesa para coger el totem, o era el zote?( ;p).No sé si la homenajeada habrá disfrutado, pero yo sí. Hacía mucho que no me reía tanto, que no bailaba tanto, por no hablar de las revelaciones, las confesiones, y en definitiva, y como dice María, los tejidos. Soy consciente también de mis meteduras de pata, si no por propio descubrimiento, por descubrimiento ajeno, pero para eso estamos, para descubrirnos también nuestras lagunas negras. Pido disculpas. Y pido, finalmente, la posibilidad, la probabilidad, la certeza de que se repita la experiencia de este fin de semana acompañadas, como hemos estado, por la presencia continua, al menos en mi cabeza, de los versos del enamorado sevillano en Campos de Castilla:
Allá en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo, azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.

domingo, enero 07, 2007

Año nuevo, vida nueva o no...

Aprovecho las nuevas intenciones, los buenos propósitos, y en fin, el año nuevo para copiar un texto de Azorín con el que estoy trabajando en clase y que me parece maravilloso. De Castilla, un libro de ensayos, extraigo estos fragmentos de "Las nubes":
Calixto y Melibea se casaron —como sabrá el lector si ha leído La Celestina— a pocos días de ser descubiertas las rebozadas entrevistas que tenían en el jardín. Se enamoró Calixto de la que después había de ser su mujer un día que entró en la huerta de Melibea persiguiendo un halcón. Hace de esto dieciocho años. Veintitrés tenía entonces Calixto. Viven ahora marido y mujer en la casa solariega de Melibea; una hija les nació, que lleva, como su abuela, el nombre de Alisa. Desde la ancha solana que está a la puerta trasera de la casa se abarca toda la huerta en que Melibea y Calixto pasaban sus dulces coloquios de amor. La casa es ancha y rica; labrada escalera de piedra arranca de lo hondo del zaguán. Luego, arriba, hay salones vastos, apartadas y silenciosas camarillas, corredores penumbrosos, con una puertecilla de cuarterones en el fondo. Todo es paz y silencio en la casa. Melibea anda pasito por cámaras y corredores. Lo observa todo, ocurre a todo. Los armarios están repletos de nítida y bienoliente ropa, aromada por gruesos membrillos (…)
Todo lo previene y a todo ocurre la diligente Melibea; en todo pone sus dulces ojos verdes. De tarde en tarde, en el silencio de la casa, se escucha el lánguido y melodioso son de un clavicordio: es Alisa que tañe. Otras veces, por los viales de la huerta se ve escabullirse la figura alta y esbelta de una moza; es Alisa que pasea entre los árboles.
La huerta es amena y frondosa. Crecen las adelfas a par de los jazmineros; al pie de los cipreses inmutables ponen los rosales la ofrenda fugaz —como la vida— de sus rosas amarillas, blancas y bermejas (…) De la taza de mármol de una fuente cae deshilachada, en una franja, el agua.
En el aire se respira un penetrante aroma de jazmines, rosas y magnolias. “Ven por las paredes de mi huerto”, le dijo dulcemente Melibea a Calixto hace dieciocho años.
Calixto está en el solejar, sentado junto a uno de los balcones. Tiene el codo puesto en el brazo del sillón y la mejilla reclinada en la mano (…) Le adoran en la ciudad: le cuidan las manos solícitas de Melibea; ve continuada su estirpe, si no en un varón, al menos, por ahora, en una linda moza de viva inteligencia y bondadoso corazón. Y sin embargo, Calixto se halla absorto, con la cabeza reclinada en la mano.
No tiene Calixto nada que sentir del pasado; pasado y presente están para él al mismo rasero de bienandanza. Nada puede conturbarle ni entristecerle. Y sin embargo, Calixto, puesta la mano en la mejilla, mira pasar a lo lejos sobre el cielo azul las nubes.
Las nubes nos dan una sensación de inestabilidad y de eternidad. Las nubes son —como el mar— siempre varias y siempre las mismas. Sentimos mirándolas (a las nubes) cómo nuestro ser y todas las cosas corren hacia la nada, en tanto que ellas –tan fugitivas- permanecen eternas. A estas nubes que ahora miramos, las miraron hace doscientos años, quinientos, mil, tres mil años, otros hombres con las mismas pasiones y las mismas ansias que nosotros (...) La existencia, ¿que es sino un juego de nubes? Vivir es ver volver. Es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno; ver volver todo. Las nubes son la imagen del tiempo. ¿Habrá sensación más trágica que aquella de quien sienta el Tiempo, la de quien vea ya en el presente el pasado y en el pasado el porvenir?
En el jardín lleno de silencio se escucha el chiar de las rápidas golondrinas (…) Alisa se halla en el jardín sentada, con un libro en la mano (…) Los ojos de Alisa son verdes, como los de su madre (…) ¿Quién podría cantar la nitidez y sedosidad de sus manos? Pues de la dulzura de su habla, ¿cuántos loores no podríamos decir?
En el jardín todo es silencio y paz En lo alto de la solana, recostado sobre la barandilla, Calisto contempla estático a su hija. De pronto un halcón aparece, revolando rápida y violentamente por entre los árboles. Tras él, persiguiéndole todo agitado y descompuesto, surge un mancebo. Al llegar frente a Alisa se detiene absorto, sonríe y comienza a hablarle. Calixto lo ve desde el carasol y adivina sus palabras. Unas nubes redondas, blancas, pasan lentamente sobre el cielo azul en la lejanía.